2004 Marzo 18 ,Cali, El Pais,
Ella es la única colombiana invitada por Alianza Civicus para dictar un taller en el marco de su asamblea mundial, que se realizará en Gaborone, capital de Botswana,África. Su objetivo es fortalecer el sector solidario y darle el mismo estatus del estatal o privado.
Adriana Ruiz Restrepo cree tanto en el sector solidario como motor de desarrollo de una sociedad, que ha hecho de él su razón de ser profesional y personal.
Poseedora del espíritu social que caracteriza a los caleños, a sus 12 años ya integraba grupos de ayuda a los niños de la calle. Hoy, 20 años después, quiere trascender ‘las buenas intenciones’ y fortalecer el ‘tercer sector’- el de las organizaciones solidarias- con las herramientas jurídicas para un óptimo desarollo en un país que harto lo necesita, y de paso darle el mismo ‘estatus’ del sector privado y o del oficial estatal o público, frente a los cuales está rezagado.
Dos décadas de preparación ya dan resultados. Como ser la única colombiana invitada por la Asamblea de Alianza Civicus, para dictar un taller el 24 de marzo, en Gaborone, capital de Botswana, África, evento al que asisten el presidente del Banco Mundial, la ex comisionada de Naciones Unidas, Mary Robinson, el presidente sudafricano Nelson Mandela, entre otros.
¿Cómo fue elegida para ir a África?
Por internet vi que estaban seleccionando conferencistas para la asamblea de Alianza Civicus. Escribí y en dos selecciones entre 180 propuestas, me eligieron.
Adriana Ruiz Restrepo lleva catorce años dedicada al estudio de las leyes que regulan la interacción entre el Estado, el sector privado y la sociedad civil organizada, o sector solidario.
¿De qué trata su propuesta?
‘Más allá de las buenas intenciones, hacia la organización de un derecho de las organizaciones de origen solidario’ busca que así como hay un derecho aduanero o tributario, debería haber un derecho de las organizaciones solidarias para caracterizarlas y empoderarlas con naturaleza jurídica y así logren un buen funcionamiento con el Estado, la comunidad y el mercado.
¿Qué busca con este proyecto?
La idea es que la gente mire las organizaciones de la sociedad civil como instrumento de desarrollo neutral, más allá de las motivaciones políticas, ideo-lógicas o religiosas de quienes las orientan. Es preciso recuperarlas sin connotaciones de izquierda, como se tacha aquí todo lo que busque desarrollo social, o populistas.
¿Por qué se opone a la definición de ‘sin ánimo de lucro’? Es una expresión equívoca para definir las entidades solidarias. No hay ninguna organización que se constituya con ánimo de pérdida. Lucro es un concepto viejo que se refería a la ganancia individual que uno obtiene de un negocio, y se acuñó al sector solidario para significar que no tiene dueños, pero una cosa es que no busque el lucro subjetivo o enriquecimiento individual, otra es que el ánimo de obtener ganancia para la institución. Toda entidad del tercer sector sí tiene ánimo de lucro y así debe ser; de lo contrario no puede cumplir sus fines.
¿Es un concepto suyo?
No, lo tomé del magistrado Álvaro Tafur. Él plantea qué es lucro subjetivo y lucro objetivo y me pareció más exacto decir ‘organizaciones de origen solidario’.
¿Cuál es la mayor dificultad del sector solidario?
El problema común es que no hay una relación de responsabilidad y control. El lío jurídico es que no hay cómo controlar y de distinguir las buenas organizaciones de las de fachada y de las personas que abusan de la etiqueta de origen solidario para aprovechar beneficios tributarios, de contratación o de cooperación.
¿Por qué el futuro está en el desarrollo solidario?
Las propuestas de desarrollo siempre se enfocan en generar riqueza del capital privado o es el resultado de la acción del Estado cuando llega con acueducto o con electrificadora. Pero esos sitios adonde no va ninguna empresa a invertir porque ni siquiera hay luz, y donde del Estado no llega ni el Ejército, la opción es mirar las condiciones para generar desarrollo. La solidaridad de la comunidad facilitan ese proceso intrínseco que depende del empoderamiento ciudadano y no del Estado o del mercado.
¿Qué la llevó al tercer sector?
En el colegio creamos una organización caritativa para ayudar a los niños de la calle. Lo que me impactó fue la ayuda impresionante que aportó Cali a esa pequeñísima iniciativa de una muchachita y unos niñitos. La empresa privada, el Ejército, la Policía, Fabio Gómez, de la Fundación FAS, fueron un apoyo importantísimo… Descubrí la fuerza de la sociedad civil cuando se organiza y dije: ‘Esta es una fuente inagotable de desarrollo’.
Y se fue a estudiar a Bogotá…
Pasé de la práctica a la teoría. Desde que inicié mis estudios en Derecho empecé a tratar de entender cuáles son las plataformas jurídicas de interacción entre la sociedad civil y el Estado o el mercado, para que combinados, generen desarrollo. Mi tesis la hice el Estado y las Ongs, con la ayuda de muchos caleños como Oscar Rojas, de la FES, Melba Pinedo de Procali, Harold Zangen, Fabio Gómez, María Victoria de Cruz, Mauricio Molano, entre otros.
El sector solidario abarca desde cooperativas, fondos de empleados y mutuales hasta voluntariados, fundaciones, veedurías, juntas de acción comunal y todo lo que busca desarrollar el interés de sus miembros o de su comunidad.
¿Pero dejó el trabajo social?
No. En Bogotá formé Asentir Colombia con algunos bogotanos y caleños que también estudiaban allá, ya no para ayudar sino para generar desarrollo de menores y adultos de la calle.
¿Qué experiencia la marcó?
Hace años, un viejito ciego en Cali que me pidió que escribiera mi nombre en un papel, para que cuando él estuviera triste alguien le leyera y él se acordara que había una razón para volver a creer.
¿Y como conclusión?
Que la responsabilidad más grande cuando uno trabaja con la comunidad es no matarle sus sueños, no hacer promesas que uno no puede cumplir porque deteriora la capacidad de confianza con un impacto negativo en la sociedad y su cohesión: que unos no creen en los otros.
¿Como los colombianos?
Colombia debe trabajar muchísimo en eso. Alguienme explicaba que una causa de la falta de esfuerzo comunitario es que el politiquero nunca dice ‘le voy a dar un colegio al pueblo o al barrio’ sino ‘le consigo un puesto a su hermano’ o ‘le doy a usted casa’ y desde allí la gente se relaciona con el poder. Los términos de desarrollo están en una transacción de bienestar individual y no en términos de comunidad.
¿Ha tenido reconocimientos?
(Risas) A la curiosidad y a la imaginación. Es duro plantear temas nuevos para pensar, la gente tiende a irse con lo que ya tiene prestigio y no asume lo social con rigor o en serio. No es fácil posicionar el derecho solidario como una área de estudio tan importante como el derecho bancario.
¿Qué es Tanque de Pensamiento?
“Tanque de pensamiento es un convenio interinstitucional entre Coomeva, la Fundación Social,
Juriscoop, Dansocial, un grupo de investigadores franceses, y ahora están interesados en
vincularse la Red de Gestores Sociales de la primera dama de la República, Lina Moreno, la
Vicepresidencia de la República, y otras entidades.
“Lo concebí como un espacio amplio donde van las personas jurídicas o naturales que deseen
contribuir al fortalecimiento del tercer sector y donde quepan el pensamiento y los intereses del
Estado y del sector privado, sea empresarial o solidario. Y académicamente la idea es crear una
especialización del Derecho que estudie la creación, funcionamiento, necesidades y obstáculos de
organizaciones civiles, diferentes de las del Estado y las del sector privado capitalista”.