Basura para ricos

2009, Bogotá, Olimpo radical por Ramiro Bejarano Guzmán tomado de El País.com

Este domingo accidentalmente vi en el Canal RCN un programa de Pirry, el periodista que ha venido ganando notoriedad en el país por la forma descomplicada y despojada de solemnidades como aborda temas de trascendencia nacional, sin someterse a los rituales y rigores tradicionales del periodismo investigativo. Esta vez el tema fue el negocio del reciclaje.

El tema fue cautivante no sólo porque tiene ingredientes de interés para el medio ambiente, sino porque detrás de las basuras deambulan poderosos capitales, a cuya cabeza también se encuentran los de los hijos del presidente Uribe, esta vez repiten con la empresa llamada Residuos Coeficiencia, que ya era famosa por cuenta de otras lucrativas actividades particulares.

El programa de Pirry debería haber dado lugar a un escándalo que pusiera a tambalear a cualquier gobierno, por popular que fuera. En efecto, antes los recicladores eran gentes humildes que por generaciones prestaban sus servicios para depurar las basuras, oficio nada grato del que, sin embargo, subsistían cerca de 300.000 colombianos de bajos recursos. De la noche a la mañana el oficio de reciclador se sofisticó y, lo que no era objeto alguno de competencia comercial, se transformó en un próspero negocio que despertó el apetito de grandes empresarios.

Según reveló el programa dominical de Pirry, con el auxilio de dos abogadas lúcidas y bien informadas, Adriana Ruiz y Lina Arbeláez, de la Fundación Civisol, una extraña ley expedida precisamente por este Gobierno creó dos sanciones que solamente pueden afectar a esos recicladores de a pie, que viven de escarbar entre los escombros de los afortunados de esta sociedad excluyente.

En primer lugar, la ley de marras, impulsada por el gobierno de Uribe, prohibió a quien recoja basuras abrir las bolsas en las que se llevan los materiales antes de ser vaciados en sus destinos y, como si fuera poco, también estableció una restricción consistente en que sólo pueden transportarse esas basuras en vehículos adecuados, lo cual excluye las ‘carretas’, como llaman en el Valle lo que en Bogotá se conoce como ‘zorras’. Obviamente, una ley como la que se expidió solamente puede perjudicar a esos recicladores artesanos y favorecer a los grandes industriales de las basuras.

Por obra y gracia de esa nueva legislación quedaron desprotegidos quienes vivían de hurgar en las basuras ajenas, porque, además, en el caso de Cali, el alcalde Ospina no pudo explicar de manera convincente por qué razón el basurero fue trasladado de Navarro a Yotoco, donde no pueden llegar los recicladores sino los nuevos industriales de las basuras.

La sugerencia que nos dejó en la retina el programa de Pirry fue la de que en ese negocio de los desperdicios están metidos los hijos de Uribe y uno que otro ex mandatario conservador. Y, además, que hay un lugar entre Cali y Yotoco que pertenece a alguien igualmente poderoso, donde se detienen los camiones que dejaron en la inopia a quienes antes vivieron de las basuras. ¿Quiénes serán? Ojalá se atreva Pirry a contarnos completa la historia.

 

Fuente: https://bit.ly/3fHmela